La estabilidad escapular es esencial para el movimiento del hombro y, por tanto, para la función del miembro superior. Pero… ¿quiénes se encargan realmente de mantener esa estabilidad en su sitio?
En el artículo “Neuromuscular ultrasound of the scapular stabilisers in healthy subjects” de Sara Silkjær Bak et al., publicado en Clinical Neurophysiology, se analiza el papel del serrato anterior, el trapecio y el romboides mayor, así como los nervios que los controlan: torácico largo, espinal accesorio y escapular dorsal.
Tan esenciales como la Guardia de la Noche en el Muro, estos músculos y nervios protegen el equilibrio del hombro frente a cualquier amenaza funcional.
Se evaluaron bilateralmente las siguientes estructuras musculares:
- Porción superior del trapecio.
- Porción media del trapecio y el músculo romboides mayor, capturados en una sola imagen.
- Porción inferior del trapecio.
- Serrato anterior, analizado en tres niveles diferentes.
Por otro lado, el estudio también evaluó los nervios periféricos implicados en la función de estos músculos. Se incluyeron imágenes bilaterales del:
- Nervio torácico largo.
- Nervio escapular dorsal.
- Nervio espinal accesorio.
En total, se analizaron 574 sitios musculares y 410 sitios nerviosos, lo que equivale a una cobertura completa que dejaría impresionado hasta al mismísimo Batman, con su obsesión por los detalles y la precisión táctica.
Músculos trapecio y romboides mayor.
Trapecio superior:
A) El transductor se colocó en una posición oblicua entre C7 y el acromion, siendo el acromion el punto de referencia óseo situado en el extremo más lateral de la imagen.
B) Imagen ecográfica (US) del músculo trapecio superior. En la parte inferior de la imagen podría visualizarse el músculo supraespinoso si se aumentara la profundidad. A la derecha de la imagen se identifica el acromion (A).
Trapecio medio y romboides mayor:
C) El transductor se colocó de forma horizontal, medial al borde medial de la escápula, justo por debajo de la espina de la escápula.
D) Imagen ecográfica correspondiente. En ella, el músculo trapecio se observa superficial al músculo romboides mayor. El borde medial de la escápula se utilizó como referencia ósea.
Trapecio inferior:
E) Inicialmente, el transductor se colocó sobre la columna vertebral, a nivel del ángulo inferior de la escápula.
F) A partir de esta posición, el transductor se desplazó lateralmente para visualizar el vientre muscular, manteniendo al mismo tiempo el borde lateral de las apófisis transversas dentro del campo de imagen.
G) Imagen ecográfica del músculo trapecio inferior, con el músculo erector de la columna (ES) situado en un plano profundo.
Músculo serrato anterior.
A) El transductor se colocó por detrás de la línea axilar posterior, alineado con la axila. En esta posición se visualizan la segunda costilla (nivel 1), la tercera costilla (nivel 2) y la cuarta costilla (nivel 3), respectivamente, desde la axila hacia el centro de la imagen, girando el transductor de modo que la costilla se muestre en corte transversal. Al realizar esta maniobra, la porción craneal del transductor se orientó hacia anterior.
B) Imagen ecográfica (US) del músculo serrato anterior, con el músculo dorsal ancho (LD) situado superficialmente y las costillas (flecha blanca) en un plano profundo.
Nervio torácico largo (LTN) y nervio dorsal de la escápula (DSN).
Todas las imágenes ecográficas corresponden al lado izquierdo en un sujeto sano.
A) El transductor se colocó en el cuello, sobre o por delante del músculo esternocleidomastoideo.
B) LTN1: El nervio torácico largo (LTN) (flecha blanca) se identifica en o por debajo del músculo escaleno medio, en su punto de mayor calibre, discurriendo dentro de una línea fascial hiperecogénica.
C) LTN2: El LTN (flechas blancas) se visualiza por encima de la musculatura escalénica, en su punto de mayor calibre.
D) LTN3: El LTN se observa por encima del músculo serrato anterior (SA), por debajo del músculo omohioideo (OH) y anterior al nervio supraescapular (SSN), en su punto de mayor calibre.
E) El nervio dorsal de la escápula (DSN) (flecha blanca) se identifica dentro del músculo escaleno medio, en su punto de mayor calibre, también discurriendo en una línea fascial hiperecogénica.
Nervio accesorio espinal (SAN).
A) El transductor se colocó en el cuello, por detrás del músculo esternocleidomastoideo (STCL), dentro del triángulo posterior del cuello.
B) El nervio accesorio espinal (SAN) (flecha blanca) se observa apoyado sobre el músculo elevador de la escápula (LS). El músculo trapecio (TRAP) se identifica a la izquierda de la imagen y el esternocleidomastoideo (STCL) a la derecha.
La imagen se obtuvo en el punto donde el nervio presentaba su mayor calibre, ya fuera antes de dividirse en dos ramas o, si la bifurcación ya se había producido, utilizando la rama de mayor tamaño.
Uno de los puntos más interesantes de este estudio es cómo las características individuales —como la edad, el peso, el sexo o el lado dominante— influyen en el grosor muscular y el diámetro nervioso. El análisis estadístico no dejó lugar a dudas: la anatomía no es estática, y estas estructuras se adaptan (o cambian) con el paso del tiempo y según el contexto corporal del individuo.
Se encontró una correlación significativa entre la disminución del diámetro nervioso con el aumento de la edad y la estatura, en todos los nervios explorados. Es decir, a mayor edad y altura, menor diámetro del nervio. En cambio, el peso y el sexo masculino se asociaron con un aumento del diámetro nervioso, aunque con dos excepciones:
- El nervio espinal accesorio no mostró relación con el peso.
- El sitio LTN1 del nervio torácico largo no mostró diferencia entre sexos.
Además, se observó una tendencia hacia un mayor diámetro en el lado dominante, como si los nervios de ese lado se “entrenaran” más, a excepción del sitio LTN2 del nervio torácico largo.
En cuanto a los músculos, el patrón fue bastante claro para algunos:
- Trapecio (porción superior e inferior) y romboides mayor presentaron mayor grosor en el lado dominante.
- En cambio, el serrato anterior mostró una tendencia inversa: ligeramente más grueso en el lado no dominante.
Esto podría sugerir diferencias funcionales específicas, dependiendo del tipo de actividad que realiza el individuo con cada lado del cuerpo. Un dato curioso que haría levantar una ceja incluso al Dr. Strange mientras observa distintas líneas temporales de la función escapular.
Los valores obtenidos para el músculo serrato anterior fueron ligeramente superiores a los reportados en estudios anteriores, aunque con cierto solapamiento:
- Nuestro estudio: 6.9–8.5 mm
- Estudios previos: 3.8–7.6 mm (Day y Uhl, Talbott y Witt)
Lo mismo ocurrió con las diferentes porciones del músculo trapecio, en especial la media e inferior, cuyos grosores fueron algo mayores que los encontrados por autores como O’Sullivan y Bentman.
En el caso del romboides mayor, la diferencia fue más clara:
- Este estudio: 7.8 mm
- Estudio previo (Jeong et al.): 4.6 mm en reposo y 6.8 mm con el brazo abducido
Varios factores metodológicos pueden explicar estas variaciones:
- Diferentes puntos de referencia y ubicación del corte ecográfico
- Posición del sujeto durante la exploración
- Estado del músculo (en reposo o contraído)
- Tamaño muestral reducido en estudios previos (14–24 sujetos)
- Poblaciones más jóvenes en comparación con este trabajo
En resumen, no estamos comparando exactamente Hobbits con Elfos, pero casi. Las diferencias en las condiciones de estudio son suficientes como para explicar los resultados dispares.
El estudio de los nervios también muestra resultados relevantes en cuanto al diámetro de los nervios periféricos:
- Nervio torácico largo: identificado en el 95% de los casos, aunque no siempre fue posible seguirlo hasta el serrato anterior. El diámetro fue ligeramente menor (1.2–1.5 mm) que el reportado en estudios previos (1.6 ± 0.3 mm).
- Nervio escapular dorsal: identificado en el 76% de los casos, cifras similares al estudio de Hanson y Auyong (77%).
- Nervio espinal accesorio: el diámetro fue comparable al encontrado por Mirjalili et al. (1.0 mm vs. 0.76 mm)
Un punto importante es que, a diferencia de algunos estudios previos, no se utilizó aguja estimuladora para confirmar la identidad de los nervios, confiando en la anatomía ecográfica y criterios predefinidos.
Este estudio supone un avance clave en la ecografía de los estabilizadores escapulares. Aporta datos ajustados a variables clínicas reales y permite evaluar con precisión músculos y nervios implicados en la escápula alada.
Una herramienta diagnóstica tan precisa y útil, que bien podría estar guardada en la enfermería de Hogwarts junto a la escoba de reserva de Harry.
Porque cuando se trata de explorar el hombro… más vale tener la varita (o sonda) preparada.
Bibliografía:
Neuromuscular ultrasound of the scapular stabilisers in healthy subjects